¿Qué hay por aquí?

31 mayo 2011

Apadrina a un filólogo


Hace unos días vi de casualidad este video y me llamó mucho la atención, así que busqué la película y me acomodé en mi cojín gigante, a devorar pipas y coca-cola, como hago siempre cuando tengo casi la certeza de que voy a disfrutar durante un par de horas delante del televisor. Ya el título me pareció curioso, y más cuando al poco rato era Nacho Vegas quien sonaba de banda sonora en un contexto aparentemente poco propicio para él, pero que quedaba genial. Luego fue decayendo, porque la música no tenía todo el peso que esperaba en la película.

Normalmente procuro no saber mucho acerca de las películas antes de verlas, prefiero dejar que me sorprendan poco a poco, sin ideas preconcebidas. Debe ser la ley de Murphy, porque si me dicen que es muy buena, acaba no gustándome, y si me dicen que es pésima, le veo encanto o me entusiasma. Aunque hay excepciones, claro, prefiero generar mi propio criterio, sin influencias. En este caso, no sabía de qué iba, no sabía nada de la trama, no conocía a los actores y ni siquiera sabía que era la primera película del Trueba Jr. y que había estado nominada a un par de Goyas. Eso sí, después de ver una película, me hincho a leer críticas de Filmaffinity y similares, para contrastar opiniones. Es lo que tiene la vida moderna, que no hace falta salir de casa para sentirse un rato acompañado.

Mi opinión general de la película es bastante positiva, aunque tirando a mediocre. No soy crítica cinematográfica —ni ganas—, así que tampoco pretendo hacer un examen exhaustivo, pero sí decir que me pareció una película llena de posibilidades mal explotadas. En general, me pareció irregular, por un lado, momentos muy muy buenos, muy inteligentes y con buenos planos, y por otro, escenas muy mal logradas, en cuanto a guión sobre todo. Debo decir que solo la he visto una vez, así que es posible que con el sonido de las cáscaras de pipas se me escaparan muchas cosas. Aún así no me dejó indiferente, en general es una buena reflexión acerca de la vida y las relaciones de pareja, es fácil sentirse identificado sea como sea como estés viviendo tú el amor en ese momento, aunque la linea argumental general de la película sea bastante simple y predecible en muchos casos.

Si hablo de esta película, ya véis, no es porque me pareciera una gran obra de arte. Hablo aquí de ella por lo sentí leyendo todas esas críticas después. Por un momento, hubiera deseado tener delante a toda esa gente que deja su opinión en la web y hacer una tertulia envuelta en humo, a lo Garci, y demostrarles que soy una persona normal y corriente, no una especie en extinción.

¿Porqué digo esto? Quizás a partir de ahora pueda haber algo de spoiler (muy poco), así que atentos aquellos que no quieran saber nada de la peli antes de verla, por si acaso.

El protagonista es filólogo, como yo. Le gusta escribir poemas y cartas, como a mí. Es hombre de una sola mujer, aunque a veces se esfuerce por aparentar lo contrario, como yo. Es una persona de carácter apagado, melancólico, estático, de futuro incierto... como yo. Trabaja en una librería pequeña y antigua, no como yo, pero yo visito varias.

Pues bien, según estas premisas, a muchas personas que han dado su opinión sobre la película, ese personaje les parece trasnochado, inverosímil, obsoleto, anacrónico, pedante, arrogante, y varios adjetivos por el estilo... Y no me refiero a quienes juzgan las aptitudes interpretativas de Oriol Vila, el protagonista (que tampoco creo que sea un actorazo), o del resto de personajes (bastante mediocres la mayoría también, en mi opinión) sino a quienes juzgan el personaje y afirman que la película es aburrida, no por los muchos motivos que hacen de esta una película mediocre, sino porque el personaje, según esta gente, es inverosímil y poco cinematográfico. ¡Poco cinematográfico! Porque un filólogo nunca podrá ser un héroe (o antihéroe) de cine, un filólogo no puede ser otra cosa que un pedante, o porque ¿quién tiene la desfachatez de relacionarse con gente que le guste leer o escribir o filosofar? ¿es posible que alguien escriba a boli todavía? ¿quién, a día de hoy, piensa o razona? ¿eso qué es? o ¿quién utiliza aún en sus conversaciones referencias literarias o cinematográficas? Eso ya no se lleva, seamos modernos, por Dios...

A toda esta gente que opina que eso ya no se lleva, la invito a que se pase una temporada por mi vida, que conozca a mis amigos, que se pasee por las universidades y escuche las conversaciones de la gente... Verán que no es tan raro. O yo me relaciono con la única gente del mundo que tiene intereses culturales, o es que no somos tan pocos como algunos se empeñan en creer.

Ya que estamos en época de reivindicaciones, quiero decir desde aquí que los filólogos somos una realidad social como cualquier otra, señores. Desde que empecé la universidad, hace unos diez años, siempre he escuchado comentarios despectivos, o he visto expresiones faciales con aires de desprecio al oír mi respuesta a la pregunta "¿qué estás estudiando?", como si decir Filología fuera sinónimo de estar condenado al fracaso. Que nos guste el lenguaje, la literatura y el arte en general, no significa que seamos unos pedantes que despreciamos al populacho. Nos gusta eso, como a un médico le gustará el cuerpo humano, como a un historiador la Historia, como a un mecánico los coches, como a un jardinero las flores o a un campesino el campo. No logro entender qué tenemos de raro. Somos gente que hemos estudiado una rama del conocimiento que hoy en día se sigue estudiando y que sigue evolucionando. ¿Por qué no hay cabida para nosotros en el cine, y sin embargo hay infinitas películas y series de abogados arrogantes, de médicos insoportables, de alienígenas y seres mucho más inverosímiles que un filólogo cultureta?

La vida es así, parece. Si un abogado te da consejo legal, te postras a sus pies; si un médico te habla con tecnicismos y no te enteras de nada, da igual, él tiene razón, hay que hacerle caso; si un arqueólogo hace un gran descubrimiento te parece admirable; si un cantante hace un pareado, todos aplaudimos; si un filólogo te dice que "eso no se dice así, sino asá", es un ser odioso y engreído. 

Pues bueno. Pues vale.

(Suspiro)

16 mayo 2011

Con la música a otra parte

Las declaraciones de Echenoz hacen pensar en la idea de que un escritor, a veces, puede esconder un músico fracasado o, al menos, que ser un músico serio es mucho más difícil que ser un escritor. “Sucede que el músico tiene una actividad social y un escritor no está obligado, yo de hecho rechacé un poco eso; la persona que escribe puede quedarse en su casa, como Maurice Blanchot. El músico, en cambio, tiene que mostrar su cuerpo, y por eso lo considero uno de los oficios más difíciles del mundo. El pianista concertista, por ejemplo, tiene que hacer, frente a su público, algo nuevo con algo que ya está hecho, sedimentado, y yo pude comprobar que todos ellos, por más experiencia que tengan en la materia, ante el inicio de cada concierto se mueren de miedo. Claro que escribir tampoco es fácil, implica sufrimiento. De todos modos, es el placer y no el sufrimiento lo que te lleva a escribir, pero algunos días son realmente angustiantes. Lo más difícil es cuando algo no sale; para la escritura no hay un aprendizaje ya hecho, siempre hay que empezar de cero: si uno construye una mesa, sabe que necesita cuatro patas y madera, en cambio con la escritura siempre es distinto; y cuando uno ya escribió algunos libros, justamente lo que no tiene que hacer es repetirse”.

Extracto de una reseña sobre Jean Echenoz.
Juan Pablo Bertazza. Suplemento de Página/12, 15 de mayo del 2011. 

Pueden leerla entera aquí.


06 mayo 2011

Concierto de Nacho Vegas. Plaça Odissea

Quien me conoce bien ya sabe de mi admiración por este hombre, uno de los mejores letristas que ha habido en este país. Bien, no es más que una opinión, evidentemente subjetiva, dada mi gran simpatía hacia la gente que aún se esmera por cantar historias con pies y cabeza; por no hacer de la música un mero producto estético (aunque no deja de serlo) y porque es de los pocos que ha sido capaz, en estos últimos años, de sobrecoger mi corazón (cansado de latir, como decía Sabina) a base de imágenes desalentadoras pero, paradójicamente, de una belleza rara de ver hoy en día, de esas que sacuden y no pueden dejarte indiferente. Estudió Filología, como yo, eso nos une, y carece de una voz espectacular o de formación musical, aunque lleva una larga carrera a cuestas como miembro de diferentes bandas, hasta presentarse en solitario, a finales de los 90.

Si tuviera que definir el conjunto de sus canciones, en pocas palabras diría que son oscuras y realistas. Esa oscuridad es la que ha llevado a la crítica a tacharlo siempre de poeta dramático y maldito, renegado de la sociedad. Para mí es puro y simple realismo. Realismo deliciosamente ficticio. En una sociedad de plástico en que todo está retocado, vendido, expuesto... él sigue editando con calidad de vinilo, sin demasiadas superproducciones. No emplea grandes campañas de imagen (su figura es más bien fría y acongojada) y sus conciertos carecen de grandes efectos especiales. Es como tú o como yo, aunque no es solo su humildad o su simplicidad en lo que baso mi admiración. En una mezcla de pop, rock, country, y folklore asturiano, le canta al amor, como cualquier poeta, pero ese amor tiene infinidad de matices, demasiadas caras opuestas que no siempre se muestran o, en el caso de hacerlo, no siempre son agradables de ver. Le canta a la muerte pero consigue que ésta deje de ser una simple sombra que amenaza, para convertirse en una amigable compañera de viaje. Sí, amigable, habéis leído bien. La muerte y el dolor acaban cayéndote bien. Le canta a lo bello y a lo feo, pero siempre, en mi opinión, de un modo soberbio.

Son muchos años ya escuchándolo, se podría decir que solo en mi intimidad, porque poca gente hay a mi alrededor con quien compartirlo. Y no debo ser la única, porque en internet se respira siempre un agradable aire de fraternidad entre quienes, como yo, buscan su reconocimiento, porque no puede ser que alguien tan bueno sea aún tan desconocido (porque no, no es el de Nacha Pop, como me ha preguntado mucha gente). Aunque curiosamente, como a cualquier artista independiente, siempre tratamos de protegerlo de la comercialidad y la corrupción. Paradojas, al fin y al cabo, como todo lo que sugiere la figura de Nacho Vegas.

Lo que quiero contaros es mi experiencia de hace unos días. Llevaba años queriendo ir a un concierto suyo, pero entre unas cosas y otras, aún no lo había hecho. Siempre merodeaba la duda de si en directo me convencería o no, pensaba que quizás lo tenía tan idealizado que nada de lo que viera podría superar mis expectativas. Pero allí estaba yo, a las 18:30 de un jueves, dirigiéndome hacia el Maremagnum de Barcelona, dispuesta a aprovechar la ocasión de verlo gratis en el festival de Plaça Odissea. Por mucha duda que hubiera, necesitaba quitarme la espina de una vez por todas. Tranquila, pensando que llegaba con tiempo de sobra para coger un buen sitio, empecé a oír de lejos La gran broma final. ¿Estaba delirando? ¿El festival no empezaba a las 19h y actuaba otro grupo antes? Me entraron las prisas y el agobio (soy quejica por naturaleza, qué le vamos a hacer), pero al llegar, la plaza estaba casi vacía y Nacho y la banda tocando y probando el sonido. Le vi ensayar Cuando te canses de mí y luego se fue. Ahora tocaba esperar, pero de algún modo, esa espinita ya se arrancó y sabía que no me decepcionaría.

Mientras esperábamos a que empezara todo el tinglado y llegara más gente, vimos a Nacho acercarse, con el resto de músicos. Parecía que venían directos a nosotros. Como una quinceañera me puse nerviosa y me entró una especie de risita histérica, pero no se dirigía hacia nosotros, sino hacia la barra del bar. Así que, si Mahoma no va a la montaña... Nos dirigimos hacia él y como si fuéramos íntimos amigos le llamé por su nombre a su espalda, el se giró extrañado pero sonriente, y le pedí muy amablemente si podía hacerme una foto con él, que soy muy groupie, lo sé, pero no podía estar allí hablando con él, sin inmortalizar ese momento. Él se sorprendió, pero accedió encantado, con un gesto tímido y de risita nerviosa también. Por momentos me sentía una niñata estúpida y tonta, pero por otros, tenía la impresión de que le intimidaba más yo a él que él a mí. Nunca lo sabré.

Mi cara de bobalicona no tiene precio


Ahora me gustaría poder explicar que tuvimos una charla maravillosa, que entre cervezas, nos contamos anécdotas, que él me habló de Norteña y sus habitantes, de su pasión por la literatura, o que ese encuentro conmigo le inspiró una futura canción, pero no, el caso es que el encuentro fue muy fugaz: la foto, agradecimientos mutuos y mucha timidez. Poco más. Entonces es cuando una se sorprende de lo poco que se necesita, a veces, para ser feliz. Y cuando una se arrepiente, también, por no haber podido decir todo lo que le hubiera gustado decir.

A todo esto siguieron dos horas de intensa lluvia, de dudas por si se cancelaría el concierto o no, de hamburguesas en el McDonalds para pasar el rato y de compras por el centro comercial. A eso de las 21:45h, empezó el concierto. Abrió con Hablando de Marlén, una preciosa y sencilla canción (a quien no se le encoja el corazoncito pensando en Marlén es que no tiene sentimientos), y siguió con temas como Maldición, Perdimos el control, Me he perdido, Dry Martini S.A., Canción de Palacio #7, Va a empezar a llover, además de casi todo el repertorio de su nuevo disco, La Zona SuciaLo que comen las brujas, Cosas que no hay que contar y Reloj sin manecillas me gustaron especialmente. El bis lo completó con el clásico Michi Panero y con El mercado de Sonora. Alucinante. 

En fin, una hora y media que pasó volando, en la que faltaron muchas canciones, pero también con algunas que no esperaba y fue gratificante escuchar. Fue un día memorable. Expectativas más que superadas.

29 abril 2011

Gato michi fu michi fu

Reconozco que me tiene intrigadísima esto de las estadísticas de Blogger. Recientemente me aparece que algún desconocido accedió a mi blog, desde Google supongo, a través de la expresión "gato michi fu michi fu". ¿Qué clase de brujería es esta? Quien quiera que seas, si vuelves por aquí, pronúnciate y aclárame algunas dudas, por favor...

28 abril 2011

Urgencia

«La escritura es una más de las muchas inspiraciones para componer canciones. Tienes que tener la vocación de comunicar algo y eliges esa forma porque es la única para expresar una cosa que de otro modo serías incapaz. Es una cuestión de urgencia, que es lo contrario a la disciplina».
Nacho Vegas

24 abril 2011

Los mejores momentos de mi vida

***
Hace un tiempo alguien me propuso elaborar una lista de los mejores momentos de mi vida. Esta es la que dejé inacabada y, hoy por lo menos, no me veo con ánimos de seguir, pero creo que poca cosa ha cambiado desde entonces y viene a ser, más o menos, como la de todo el mundo. Podría profundizar más y agudizar mi ingenio e incluso ser graciosa para extraer algo creativo de mi día a día, pero no.

En días como hoy en los que ningún momento será recordado como el mejor de nada, días en los que desconfío hasta de mi propia sombra, en los que mi hostilidad hacia los demás creo que ya no puede ser mayor y me cuesta tanto encontrar soluciones que no sean siempre la resignación a poner la otra mejilla una y otra vez, siento una necesidad incontrolable de quejarme hasta la saciedad igual que una adolescente malcriada pero con la certeza de que tengo razones, argumentos y buen criterio para desesperar ante la incomprensión de por qué cosas tan evidentes y que podrían ser más sencillas de lo que son, solo las veo claras yo. 

En días como hoy poca cosa más queda por hacer, sino —en la teoría— rememorar esta lista para convencerme de que este estado de tristeza es pasajero y —en la práctica— dormir hasta que me harte.

La lista:

    El sueñecito que te entra cuando lees antes de dormir.
    El principio de las películas clásicas en blanco y negro.
    La ducha después de la playa.
    Esos abrazos tan intensos con los que crees que por más que aprietes, no es suficiente para transmitir todo el amor que sientes.
    Conocer gente y pensar que en el mundo, en el fondo, hay más personas buenas que malas.
    Escuchar el ronroneo de un gato. Y acariciarlo.
    Las noches de verano (sobre todo cuando anochece).
    Cenar o tomar algo en la terraza en verano.
    Las reconciliaciones.
    Observar y aprender de los niños (sobre todo de mis sobrinos) y también cuando te demuestran su cariño.
    Llorar de emoción cuando algo es inesperado y te hace muy feliz.
    La satisfacción cuando acabo de escribir un texto y me gusta.
    Ver dormir a la gente que quiero, sobre todo si duermen con una sonrisa en la cara.
    Dormir junto a mi novio y sentir que está a mi lado si me desvelo en plena noche.
    Comer fresas con nata.
    Los momentos de lucidez cuando, entre preocupación y preocupación, te das cuenta de lo más importante y de lo afortunada que eres teniendo lo que tienes.
    Observar el fuego de la chimenea y sentirse tranquila y calentita.
    Pasear por la playa.
   Esos momentos en que sientes que se detiene el tiempo, que solo piensas en ese momento o en esa persona con la que estás, y en nada más.
    Tumbarme en la cama a escuchar música, a oscuras, dejando entrar solo un poco de luz por las rendijas de la persiana.
    Las risas con los amigos.
    Sentir la brisa o el sol en la cara.
    Ver a mi padre sonreír o reírse a carcajadas.
    Comer pipas mientras veo la tele.
    Tumbarse en el césped.
    Terminar un buen libro o una buena película y pasarme horas o días pensando en ello.
    Los días lluviosos en casa.
    Viajar, sentirme en otro sitio.
    Conducir mientras escucho buena música.
    Las conversaciones con mi novio, especialmente cuando vamos en coche, escuchando música.
    Las despedidas bonitas.
    Los reencuentros bonitos.
    Sentir que aprendo cuando me explican algo.
    Los buenos recuerdos.
    Bailar y cantar a solas en mi habitación, cuando nadie me ve.
    Acostarme sabiendo que el día ha dado para mucho.
 

* Fotograma de la película Los mejores años de nuestra vida, de William Wyler (1946) o de como quienes deberían ser héroes acaban siendo unos marginados. 

18 abril 2011

Feliz

«Feliz… -dije entre dientes, tratando de apresar la palabra. Pero es una de esas palabras, como "amor", que jamás he entendido cabalmente. La mayoría de la gente que trabaja con las palabras no tiene mucha fe en ellas, y yo no soy una excepción (sobre todo si hablamos de las grandes palabras como Feliz y Amor y Honrado y Fuerte). Son demasiado huidizas y sobremanera relativas cuando las comparamos con otras palabras pequeñas y humildes y cortantes como Gamberro o Barato o Farsante. Con éstas me siento cómodo, porque son desnudas y fáciles de retener, pero las grandes palabras son duras y tendrías que ser un cura o un necio para utilizarlas con un minimo de seguridad y soltura.»
El diario del ron
Hunter S. Thompson

14 abril 2011

Silencio

«...la escritura de un libro es un acto de valor (...). El oficio de la literatura exige una extraña mezcla de paciencia y decisión, de cautela y audacia. Saber callar importa tanto como romper el silencio.»
Antonio Muñoz Molina

01 marzo 2011

Reticencia

Cada vez que siento la necesidad de escribir algo tengo el mismo dilema: ¿Dónde está el límite entre mi realidad y mi ficción? ¿Hasta dónde estoy dispuesta a mostrar mis pensamientos íntimos o mis situaciones personales? Y, si entran en juego segundas y terceras personas, ¿Cuándo es o no lícito hablar de ellas? ¿Cuál es el límite que separa la simple anécdota inofensiva de la exposición deliberada ante los ojos de curiosos desconocidos? ¿Cuándo la discreción deja de serlo para convertirse en ofensa?

Supongo que no hay respuesta correcta a ninguna de estas preguntas, por eso suelo pensar que cada persona asumirá el verse reflejada en mis letras como mejor sepa o pueda. Hay quienes son más comprensivos que otros, quienes disfrutan sabiendo que escribo sobre ell@s y también quienes se niegan en rotundo a que se sepa algo de sus vidas, aún cuando las camuflo con metáforas o recursos variados. Cuando se trata sólo de hablar de mí suelo llegar a buen consenso con mi intimidad pero, respecto a los demás, me resulta difícl mantener el grado de empatía adecuado.

Quizás pienso demasiado, en vez de actuar.

07 febrero 2011

Reconciliación

«Con un palito trazaba signos en la arena. Súbitamente suspendió el palito en el aire y miró al cielo. Nada hacía prever que aquel acto decidiría su vida, pero así fue. (...) Poco después estaba sentado ante un papel en el que acababa de escribir la palabra "cielo". Estuvo por añadirle gris o azul pero dudó, tachó, corrigió... "El cielo azul se hace gris / como mi alma entre las hojas", fueron sus dos primeros versos. Entonces se levantó y fue a mirar el cielo. Se sintió tan dichoso que hubo de respirar hondo, con los ojos cerrados, para que la dicha no le ahogase con su fragor de lluvia torrencial. Desde ese día, escribió versos sin descanso.»
Luis Landero, Juegos de la edad tardía

Sé que me gano a pulso la poca credibilidad cuando a los cinco días de empezar algo, desaparezco diez. No ha sido en vano, he necesitado centrarme en algunos aspectos de mi vida y poner en orden muchas otras cosas. Han sido días aparentemente vacíos, pero son muchas las conclusiones a las que he llegado. La más importante para este blog es que he vuelto a reconciliarme con las palabras. Como dije en una entrada anterior, las palabras unidas a mi mente algo enferma, capaces de crear engaños y ambigüedades, fueron menguando, paradójicamente, mis ganas de escribir. Pensé que ya había dicho demasiado, quizá ofuscada por el pensamiento de que no interesa lo que diga o que no estoy capacitada para decirlo como quisiera, pero he comprendido, aunque sea algo obvio, que primero tengo que escribir para que los demás puedan opinar y, sobre todo, para seguir aprendiendo.


30 enero 2011

La inmortalidad

«Los dioses no tienen más sustancia que la que tengo yo»
Juan Ramón Jiménez
Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio en el que rendir cuentas a mis días.


Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.


Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor oscuro en medio de la luz.


Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.


La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.


No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.
Luis García Montero
Extraído de Completamente Viernes
(Tusquets, 1998)

25 enero 2011

Tres décadas

Tres décadas

Una imagen vale más...

Los cumpleaños suelen ser motivo de celebración o de depresión, según el caso, pero cualquiera de los dos motivos lleva intrínseca la reflexión, el balance entre pasado y futuro, la ilusión o la resignación ante los buenos propósitos. Al cambiar el dígito y empezar una nueva década todo esto se intensifica aunque, realmente, cambia poca cosa. 

En mi caso, todo sigue igual, no me siento ni tan joven ni tan vieja como otras veces; tengo la misma vida, los mismos sueños, los mismos fracasos, las mismas arrugas... Solo hay matices, delgadas grietas en la apreciación de aquellas pequeñas cosas.

Debo reconocer que con el tiempo me he vuelto un tanto huraña y quizás por eso nació la necesidad de crear este engendro de escritos, fotos y música. Las palabras producen tal cantidad de ambigüedades y engaños, aún estando cargadas de buenas intenciones, que siento que ya he hablado demasiado en mi vida, de la misma manera que ya he oído demasiado. Aún así, dejo la puerta abierta a que esto sea solo un recurso como cualquier otro para expresarme cuando se me antoje, para esas veces en que considere que no es tan malo lo que escribo, aunque lo sea. Espero progresar adecuadamente.